Las Cuevas de la Virgen

En una de la colina de los alrededores del puente Belice, ubicado al final de la zona 6 (hacia el atlántico) y al comienzo de las zonas 17 y 18 está una gruta natural donde, según los escritos existentes, estuvo la virgen del Carmen en los primeros años, cuando llegó a Guatemala procedentes de España.

Sucedió que, alrededor de 1590, Juan Corz, un italiano que practicaba la vida religiosa como ermitaño, decidió venir a Guatemala y, al pasar por la Ciudad de Ávila, España, las hermanas de la Orden de las Carmelitas le dieron el encargo de traer la venerada imagen que, Santa Teresa de Jesús, fundadora de esa Orden, había mandado hacer para que se asentara aquí, en el Reino de Guatemala.

El devoto atraviesa el mar trayendo a la virgen en una pequeña caja de madera.

Llega a la costa del Atlántico y hace su viaje por las tierras de Guatemala a pie… sin tener un lugar determinado, hasta donde las fuerzas se lo permitieran llegar.

Después de recorrer largas distancias llega a la orilla del río Las Vacas cabalmente en la entrada de la capital, y decide buscar un lugar dónde descansar… Sube, en medio de la maleza de la loma, y encuentra dos cavernas y decide que, en adelante, una de las dos fuera la Virgen y, la otra, su propio lugar de residencia.

Juan Corz vivió resguardando a la Virgen en las grutas por muchos años, hasta que los aldeanos de los alrededores lo convencieron de trasladar la santa imagen a un lugar donde pudieran venerarla, y encontraron que el lugar más apropiado era un cerro, donde le construyeron su ermita y, desde entonces, lo conocemos como el Cerrito del Carmen.

Hoy después de más de 400 años, las Cuevas de la Virgen aún existen en esa colina cercana el puente Belice, y son el testimonio de lo que fue la humilde morada de una de las imágenes más veneradas de la capital: la Virgen del Carmen.

 

 

 

 

Créditos: Secretos de mi Ciudad

Primera Temporada

Municipalidad de Guatemala